No hice arte para venderlo como una coca cola, aunque la trilogía coca cola, sprite y fanta sean verdaderas obras de arte. Ahora, tampoco es mi culpa que fulanito o menganita nunca hayan oído absolutamente nada de mí.
Ni me siento culpable ni me interesa en lo más mínimo.
Todo lo que hago, he hecho y haré ha sido para satisfacer mis onanistas necesidades de placer. Por gusto, por weving, porque en realidad quería hacerlo y fue de esa forma y no de otra porque utilicé lo que tenía a la mano para hacerlo. Es innegable que, como los árboles, los imperios y toda empresa que emprende el espíritu humano, el arte en que me he iniciado, crecerá, mejorará, fructificará y se reproducirá o formará nuevas colonias en los cerebros de mis compadres.
Si yo fuese alguien para decir que lo que hago es maravilloso y encomiable pues enhorabuena, es lo que pienso. Si sigo siendo nadie hasta el último de los tiempos, francamente mejor.
No tengo idea de cómo funcione la sociedad ni la nauseabunda industria del arte, en todo caso me considero un marginal, un independiente al igual que la gran mayoría, pero nada de eso va a interrumpirme en mis ganas de pensar, decir y actuar. De coger una guitarra, reunirme con mis amigos una noche, cansados después de trabajar e improvisar una canción que nos emocione o nos haga decir: “vamos por unas chelas, hoy no fue un buen día” y nos sentemos a ver una película o unos videos del youtube y morir de risa.
o la destrucción de las formas inquebrantables. Sobre cómo tres muchachos decidieron poner un puesto de pop corn en la avenida y de cómo las monjas chinas les preguntaron dónde quedaba el jardín oscuro de Schöenberg, ellos al ver que las uniformadas en el hábito de nuestro Señor Jeremías Equisto no llevaban peniques ni chibilines, las mandaron al desvío sin percatarse que el camino que les señalaron con desidia las llevaría a través del tortuoso sendero de una felicidad infinita.
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domingo, 20 de junio de 2010
domingo, 13 de junio de 2010
El domingo del tercer fin de semana en el que se enojó porque no salimos
Minutos antes de salir hacia su casa, realmente sin pensar en casi nada, me siento a escribir esto. Hay un loco que toma desayuno conmigo y se masturba en la calle. La primera vez que lo vi le dije: hola Diógenes, el perro. Estaba leyendo el periódico, lo del premio Princesa de Asturias a Zygmunt y al otro tróglodo socióloco, que leía de vez en cuando, cuando trabajaba en la librería, qué sé yo, era algo sobre la modernidad, en fin. El tema acá es el amor líquido, que ahora la gente tiene más relaciones por minuto que nunca, el Dr. Antonio me llamó para hacer un cambio de último minuto en la imprenta, pero ni el jefe de preprensa se asoma un domingo por su centro laboral, y nadie quiere comprometerse en proyectos amorosos de largo plazo ni en jornadas amatorias de duradera envergadura mientras en el departamento del costado, el hotel estaba bonito, estaban escuchando radio felicidad: una canción de esas de Nino Bravo o Nino Sexto.
Desperté en el sofá de su casa bajo un edredón, lo siguiente que recuerdo es que ya no se me podía parar así que volvimos a salir a la avenida y era ya más del mediodía. Dormir a su lado es morir en la felicidad absoluta.
Ese sonido vintage me destruyó, la letra no me importa, la música de esa canción y los coros son adorables, amor amor amor. Llegaré un poco tarde a su casa, con los sánguches fríos seguramente y veremos Pecker abrazados y me siento el hombre más afortunado del planeta. ¿Oe rata, esa pela no tratará sobre pequetrón, no?
Desperté en el sofá de su casa bajo un edredón, lo siguiente que recuerdo es que ya no se me podía parar así que volvimos a salir a la avenida y era ya más del mediodía. Dormir a su lado es morir en la felicidad absoluta.
Ese sonido vintage me destruyó, la letra no me importa, la música de esa canción y los coros son adorables, amor amor amor. Llegaré un poco tarde a su casa, con los sánguches fríos seguramente y veremos Pecker abrazados y me siento el hombre más afortunado del planeta. ¿Oe rata, esa pela no tratará sobre pequetrón, no?
domingo, 29 de noviembre de 2009
GUNS DON'T KILL PEOPLE LAZERS DO (Un ratito, nomás para weviar)
Major Lazer es un comando jamaiquino que luchó en la guerra zombie del 84, donde perdió el brazo y le pusieron una prótesis lazer.
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