o la destrucción de las formas inquebrantables. Sobre cómo tres muchachos decidieron poner un puesto de pop corn en la avenida y de cómo las monjas chinas les preguntaron dónde quedaba el jardín oscuro de Schöenberg, ellos al ver que las uniformadas en el hábito de nuestro Señor Jeremías Equisto no llevaban peniques ni chibilines, las mandaron al desvío sin percatarse que el camino que les señalaron con desidia las llevaría a través del tortuoso sendero de una felicidad infinita.
lunes, 8 de marzo de 2010
Pop Cobain
Where there’s nothing to fear, nothing to debt. Para ti no era. Leave Britney alone. ¡Encontré la válvula de escape tercermundista! La fuente de chicharrón de calamar a 32. Thurston, did you found your shit? Cuesta abajo, sobre ruedas, sin motor, sin alas, sin tabla; dedos, lengua y nada más. Súmale los adjetivos que quieras que estoy escuchando mi música favorita, la que nunca volvería a escuchar más y había olvidado para siempre. La eternidad que recién se acaba.
Listas pasivas y no acción. Las enumeraciones caóticas de Borges punk. Apuesto a que no tienes idea de la magia, ¿crees que es en serio? Los oscuros caminos del bosque conducían a las mismas puertas que enfrentaría Harry Haller, una noche psicoactiva conducido por la perra de tu vieja, Anónimo 1 y con eso date por bien satisfecho.
Así que no te gusta lo que hago. Así que no te gusto. Así que no te gusta lo que hago, ¿eh? ¿El mundo sería mejor sin pexi? ¿Cuánto kétchup más esperabas en la parte de te parto en la mitad? El monstruo debajo de la cama nodriza, y las pequeñas naves que repostan cuando el día clarea, todas las canoplas y los bowmans registrando fotográficamente el milímetro cúbico refregado por las ranuras de la ducha como carne molida. La soga malsaltada, las espaldas rotas arrojadas al mar, el olvido indigesto, las ganas interrumpidas por el recibo de teléfono y un emisario municipal. No, no te gusta.
¿Te gusta? El eco de una canción de Camilo Sesto en las paredes echadas, los fragmentos de familia y el playstation enchufado sin transformador. Los cuadros desnudos colgados de los clavos arrancados por la suerte. El humo trepando la pared, como el aleteo de un pingüino. Las manchas negras, los hilos que descosen el aullido de un Ginsberg caído en la ridiculez, ¿me pides perfil bajo, ahora que estoy ocupado en otras cosas? I’m not there, Bob. No me he movido del árbol donde me senté. El río sigue bajando por las piedras anchas, por las rocas duras, siendo sendero dibujado por el viento. Siguen habiendo árboles a mi alrededor sombreados por la lluvia, pero los puentes rotos ya no reflejan sus arcos sobre mí, ahora los lamo y palpo como un pólipo desdentado, un anciano germen, que baja furiosamente, cada vez más violentamente baja. ¿Te gusta?
Cada día más decepcionado con los gustos de este pueblo, cada día el día más triturado en el remix de los días sin encontrar su día entre el hartazgo inactivo del día a día. Bueno fuese que explotaras, dice. Y ¿para qué? Le digo.
La explotación de los bienes útiles se pone en marcha, la caminata de los cien días hacia el este. ¿Tú qué sabes, anónimo 2? Ese no sabe nada, que se calle. Ése siempre está volviendo como perro, que es lo único que sabe hacer, moviendo la cola alrededor del éxtasis. Los laureles para mi amigo, el del parnaso.
Listas pasivas y no acción. Las enumeraciones caóticas de Borges punk. Apuesto a que no tienes idea de la magia, ¿crees que es en serio? Los oscuros caminos del bosque conducían a las mismas puertas que enfrentaría Harry Haller, una noche psicoactiva conducido por la perra de tu vieja, Anónimo 1 y con eso date por bien satisfecho.
Así que no te gusta lo que hago. Así que no te gusto. Así que no te gusta lo que hago, ¿eh? ¿El mundo sería mejor sin pexi? ¿Cuánto kétchup más esperabas en la parte de te parto en la mitad? El monstruo debajo de la cama nodriza, y las pequeñas naves que repostan cuando el día clarea, todas las canoplas y los bowmans registrando fotográficamente el milímetro cúbico refregado por las ranuras de la ducha como carne molida. La soga malsaltada, las espaldas rotas arrojadas al mar, el olvido indigesto, las ganas interrumpidas por el recibo de teléfono y un emisario municipal. No, no te gusta.
¿Te gusta? El eco de una canción de Camilo Sesto en las paredes echadas, los fragmentos de familia y el playstation enchufado sin transformador. Los cuadros desnudos colgados de los clavos arrancados por la suerte. El humo trepando la pared, como el aleteo de un pingüino. Las manchas negras, los hilos que descosen el aullido de un Ginsberg caído en la ridiculez, ¿me pides perfil bajo, ahora que estoy ocupado en otras cosas? I’m not there, Bob. No me he movido del árbol donde me senté. El río sigue bajando por las piedras anchas, por las rocas duras, siendo sendero dibujado por el viento. Siguen habiendo árboles a mi alrededor sombreados por la lluvia, pero los puentes rotos ya no reflejan sus arcos sobre mí, ahora los lamo y palpo como un pólipo desdentado, un anciano germen, que baja furiosamente, cada vez más violentamente baja. ¿Te gusta?
Cada día más decepcionado con los gustos de este pueblo, cada día el día más triturado en el remix de los días sin encontrar su día entre el hartazgo inactivo del día a día. Bueno fuese que explotaras, dice. Y ¿para qué? Le digo.
La explotación de los bienes útiles se pone en marcha, la caminata de los cien días hacia el este. ¿Tú qué sabes, anónimo 2? Ese no sabe nada, que se calle. Ése siempre está volviendo como perro, que es lo único que sabe hacer, moviendo la cola alrededor del éxtasis. Los laureles para mi amigo, el del parnaso.
lunes, 22 de febrero de 2010
Le pedí que me hablara sobre ese tercer mundo

Y si no estuviese vivo ni muerto, si no algo distinto. Acelerando en una zigzagueante dirección con sentido ambiguo o un guarismo ambivalente cuya definición debe ser resuelta en el primer intento. Comenzaría hablando sobre el tiempo o sobre mí. Tendría que comenzar explicando quién soy y cómo llegué aquí.
Estoy solo. No tienes idea de cuán solo estoy. No es entretenido, no es irremediable. El cinismo de la primera botella helada abierta. Las risas. Las conversaciones. En algún momento se termina la picnolepsia y regreso a mi mente, esos tres o cuatro enigmas pasajeros y la soledad.
A todo el mundo le sucede. Nunca antes había aspirado a mayor universalidad. Las piedras, los hongos, las águilas y los ángeles sienten lo mismo que yo, cuando el sol declina sobre el horizonte, sobre cualquier horizonte y el verbo está a punto de nacer en el vientre de la tierra.
Tú crees. Los sentidos engañan. La memoria traiciona. La razón nunca tiene suficientes pruebas para demostrar que tiene la razón. La diversión, la juventud, la primavera, el dragón cambiando de colores sobre las miasmas invisibles, que bajo el colchón de nubes grises hiede sulfuroso desde siempre. Escher y su pez que nada bajo el reflejo de los árboles en el espejo del estanque sobre el que flotan las hojas otoñales.
No. ¿Quién soy yo para criticar? Volverás, créeme, hasta que te hayas reconciliado y el río siga su impetuoso cauce cuando hayas volcado la copa. Olvidar, dejar pasar, perdonar, no querer ser salvado es una forma de salvación.
Cómo le iba diciendo, dejé de caer hacia el futuro. Comencé a volar. Es difícil no aferrarse a nada. Pronto me di cuenta que el fin no existe, tampoco el comienzo, y que todos éramos el mismo inmortal. ¿Quién soy? ¿Una máscara tal vez, al igual que usted?
Luego vino el ataque de las circunstancias. Abrir una puerta obliga a enfrentar lo que sea que haya del otro lado, es lo justo y necesario. Garuaron posthumanos fosforescentes equipados con tecnología del siglo veintiuno listos para suicidar al último que quede de nosotros. El deseo de tener la posibilidad de tener otros deseos es el mayor tesoro, así que nunca lo lograrán. Arañas escuchando con las patas, oscuros designios que vuelan con el viento y vibran en sus telas, uno de los más poderosos sistemas auditivos del reino animal. Fue indispensable antes que nada escuchar. Sí, eso es cierto. Arañas crujiendo en las cabezas que debieron arder, pisoteadas por el cíclope y sus devotos.
Pedían otro mundo posible, desdeñando lo imposible (así funcionan esas máquinas bobas), pero no pensaron que sus reclamos serían respondidos con violencia. El mundo ya no existe más. Estas ruinas no pueden ser llamadas mundo, a todos los usuarios de la red jamás se les podrá llamar mundo, los ocho continentes no son ningún mundo tampoco neopangea, lo que todo el mundo escucha no lo escucha todo el mundo. El mundo se acabó, ese fue el fin. Pedían una nueva esfera, sin pensar que la nueva esfera se llamaría espuma. Luego siguió hablando una par de cosas sobre Poseidón y su agenda.
El tercer mundo, no el del inmortal solipsista ni el mundo en el que se refleja. Si no le del pez que nada libre bajo el espejo del estanque.
sábado, 20 de febrero de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
martes, 16 de febrero de 2010
domingo, 14 de febrero de 2010
Las cosas que pasan en la calle
Ese niga...
La gente con celular y gafas oscuras me hace pensar en un escenario cyberpunk, donde el héroe ha regresado de un trip ácido por los reinos de la muerte y vuelve nada más que para cantar su canción.
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