
Yo trabajaba en una oficina.
Pero poco a poco y como un perrito
me fui volviendo loco.
Me gustaba enloquecer
hasta que me di cuenta de la realidad
y la odié.
o la destrucción de las formas inquebrantables. Sobre cómo tres muchachos decidieron poner un puesto de pop corn en la avenida y de cómo las monjas chinas les preguntaron dónde quedaba el jardín oscuro de Schöenberg, ellos al ver que las uniformadas en el hábito de nuestro Señor Jeremías Equisto no llevaban peniques ni chibilines, las mandaron al desvío sin percatarse que el camino que les señalaron con desidia las llevaría a través del tortuoso sendero de una felicidad infinita.
1 comentario:
Imbècil... no olvides la pregunta clave: ¿Por qué?
Hey sabio... no olvides la respuesta omnipotente: No lo se.
Ahora puedes decidir que hacer
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