Sí ya sé que sueno a apología a Brian Jonestown Massacre y a su David Bowie, I love you (since I was six), pero váyanse al carajo, no se me ocurre otra cosa.
Ayer salí y pinté las calles con la esperanza de que un millón trecientas cuarentaiocho mil seiscientas treintaicinco personas leyeran lo que escribí. Pero no importa si una o dos no lo leen, es decir tú y tu amiguit@ a los que no les importa lo que haga. De todas formas por la Javier Prado pasan un montón de carros y gente que no tiene nada que hacer mas que ir a trabajar o a estudiar o a hacer alguna otra cosa aburrida e inútil que a un jefe se le ocurra imponer en nombre del imperio y que obedecen porque son necesitamos el encuentro interfacial entre el sobrino y el tío abuelo.
Y toda esa gente-basura que habita esta ciudad conmigo va a leerlo y me va a obedecer a mí. ¿No es maravilloso? ¡Qué alegría, felizmente en la ciudad la gente no tiene cerebro porque se pasan todo el día viendo televisión y quejándose de sus miserables vidas sin hacer nada por cambiar! ¡Qué bien!
o la destrucción de las formas inquebrantables. Sobre cómo tres muchachos decidieron poner un puesto de pop corn en la avenida y de cómo las monjas chinas les preguntaron dónde quedaba el jardín oscuro de Schöenberg, ellos al ver que las uniformadas en el hábito de nuestro Señor Jeremías Equisto no llevaban peniques ni chibilines, las mandaron al desvío sin percatarse que el camino que les señalaron con desidia las llevaría a través del tortuoso sendero de una felicidad infinita.
lunes, 8 de mayo de 2006
jueves, 2 de febrero de 2006
Aviso a la comunidad 0001
He visto los futuros caer como gotas de lluvia.
La labor está más allá del papel. Hay cientos de cosas que hacer. Comenzando por la idea de invadir burbujas o simplemente diciendo hola, ¿qué hay? La humanidad tiene una tarea. Es la de confluir. Y el diálogo es el medio. La guerra más pacífica se puede llevar a cabo frente a una jarra de chela. Dicen que el problema principal de la humanidad son las diferencias insalvables que nos separan. Pero esas divisiones están cimentadas en el miedo.
Ámense y perdónense fue lo que dijeron los soldados del sol en cada una de sus visitas. Todo eso es simple y está bien. Las historias, todo eso está muy bien. El río fluye con más fuerza cuando se cuentan las historias alrededor de la fogata durante la noche. Luego del día de luchas y resistencias.
La labor está más allá del papel. Hay cientos de cosas que hacer. Comenzando por la idea de invadir burbujas o simplemente diciendo hola, ¿qué hay? La humanidad tiene una tarea. Es la de confluir. Y el diálogo es el medio. La guerra más pacífica se puede llevar a cabo frente a una jarra de chela. Dicen que el problema principal de la humanidad son las diferencias insalvables que nos separan. Pero esas divisiones están cimentadas en el miedo.
Ámense y perdónense fue lo que dijeron los soldados del sol en cada una de sus visitas. Todo eso es simple y está bien. Las historias, todo eso está muy bien. El río fluye con más fuerza cuando se cuentan las historias alrededor de la fogata durante la noche. Luego del día de luchas y resistencias.
miércoles, 30 de noviembre de 2005
En busca de Razguk
Le daba vueltas a mi sombra, ensimismado en el segundo que acababa de pasar. Huí por un momento de la conexión que empezaba a nacer entre el Universo de Universos y mis alas. Empecé a caer a tierra por mi propia voluntad. En nombre de La Musa escondí entre mis cabellos mi pequeño e infinito don para hacer de mí mismo una bala perdida en medio del cosmos. Estoy anclado, sin amigos, sin estupefacientes y ahora también sin fantasmas sometido a ser parte de su ejército, de sus prisioneros.
Esto no es una señal; esto es divagar entre dos lados. Ambos extremos se fusionan y pueden ser uno solo, mutando en millones de formas indefinidas y matices. Pero no ahora, no ahora que siento a todos dormidos y esperando inconscientemente a que amanezca para volver a la mayoría indescifrable una vez más. Abandonando sus sueños y dejando la paz universal de viajar por mundos infinitos e invisibles luego de que suene cada despertador, sé que arruiné las oportunidades de entrar en aquella mayoría y no me dolería si La Musa no perteneciera a ella. (Ahora quiero en verdad que me apuñalen con mucha rabia).
Sé que esta madrugada mis alas se encuentran resentidas conmigo y no puedo hacer algo para evitar que esto siga así. La destruxión cerebral es irreversible, lo sé, lo siento, lo asumo, lo puedo... lo puedo... no puedo...
Esto no es una señal; esto es divagar entre dos lados. Ambos extremos se fusionan y pueden ser uno solo, mutando en millones de formas indefinidas y matices. Pero no ahora, no ahora que siento a todos dormidos y esperando inconscientemente a que amanezca para volver a la mayoría indescifrable una vez más. Abandonando sus sueños y dejando la paz universal de viajar por mundos infinitos e invisibles luego de que suene cada despertador, sé que arruiné las oportunidades de entrar en aquella mayoría y no me dolería si La Musa no perteneciera a ella. (Ahora quiero en verdad que me apuñalen con mucha rabia).
Sé que esta madrugada mis alas se encuentran resentidas conmigo y no puedo hacer algo para evitar que esto siga así. La destruxión cerebral es irreversible, lo sé, lo siento, lo asumo, lo puedo... lo puedo... no puedo...
sábado, 19 de noviembre de 2005
Dioti Nelmund
lunes, 14 de noviembre de 2005
Para pensar con sentido
Primero me imagino a mí como un punto. Luego, otro punto en cualquier sitio del plano dentro del universo que sea aquello en lo que voy a pensar. Trazo la línea, en el mapa, la ruta que conduce a la alegría del futuro.
Pensar es el movimiento de un punto a otro, acompañado de un compás balanceado de caderas y brazos. Así es como pienso, así se mueve mi cerebro cual chimpancé todavía sedado al que le han dejado la jaula abierta, pero todavía no sale.
Por ejemplo, me saqué un moco y tenía un pelo. Así que me puse a pensar que estaba yo mirando mi dedo con un moco y un pelo. Me percaté que seguía escuchando música mientras esto pasaba y sin que me diese cuenta, recordé que esta idea del pensamiento se me ocurrió mientras daba una vuelta en el receso de la clase de Literatura hispanoamericana de la conquista y colonia. Caminaba por el mismo camino en el que imaginé al mundo como un tablero de ajedrez, en el que uno siempre esta yendo de un cuadrante blanco a otro negro y luego nuevamente al blanco si es que desea seguir en movimiento, en este andar intermitente e interminable. Me olvido de todo lo que estaba pensando y vuelvo a ver mi dedo con un moco. Pero es mentira porque mis dedos están tecleando y recuerdo lo que hice con el moco y el pelo: los tire haciendo una pequeña catapulta con mi dedos, que me recuerda otras dos formas que tiene la gente para despegar los mocos de sus dedos: frotando el dedo contra el pulgar hasta que la sustancia cae por su propio peso y la pérdida de su viscosidad; frotando el dedo contra una superficie rugosa y oscura, como debajo de la cama o debajo de las mesas o las sillas o en el lomo de algún perro o loro o caracol o goldfish, para dejarlo ahí pegado hasta su muerte o postrera fosilización.
Pensar es intentar pensar en cosas rugosas donde pegar los mocos que te sacas y terminar imaginando tus dedos acariciando a un pescado dorado en una pecera de aguas verdes. Pensar da asco, es un intento fallido y me recuerda que un amigo me comentó que, a diferencia de lo que dice la estúpida mayoría de gente, él sueña a colores. (No puedo quedarme atrás). Yo también.
Pensar es el movimiento de un punto a otro, acompañado de un compás balanceado de caderas y brazos. Así es como pienso, así se mueve mi cerebro cual chimpancé todavía sedado al que le han dejado la jaula abierta, pero todavía no sale.
Por ejemplo, me saqué un moco y tenía un pelo. Así que me puse a pensar que estaba yo mirando mi dedo con un moco y un pelo. Me percaté que seguía escuchando música mientras esto pasaba y sin que me diese cuenta, recordé que esta idea del pensamiento se me ocurrió mientras daba una vuelta en el receso de la clase de Literatura hispanoamericana de la conquista y colonia. Caminaba por el mismo camino en el que imaginé al mundo como un tablero de ajedrez, en el que uno siempre esta yendo de un cuadrante blanco a otro negro y luego nuevamente al blanco si es que desea seguir en movimiento, en este andar intermitente e interminable. Me olvido de todo lo que estaba pensando y vuelvo a ver mi dedo con un moco. Pero es mentira porque mis dedos están tecleando y recuerdo lo que hice con el moco y el pelo: los tire haciendo una pequeña catapulta con mi dedos, que me recuerda otras dos formas que tiene la gente para despegar los mocos de sus dedos: frotando el dedo contra el pulgar hasta que la sustancia cae por su propio peso y la pérdida de su viscosidad; frotando el dedo contra una superficie rugosa y oscura, como debajo de la cama o debajo de las mesas o las sillas o en el lomo de algún perro o loro o caracol o goldfish, para dejarlo ahí pegado hasta su muerte o postrera fosilización.
Pensar es intentar pensar en cosas rugosas donde pegar los mocos que te sacas y terminar imaginando tus dedos acariciando a un pescado dorado en una pecera de aguas verdes. Pensar da asco, es un intento fallido y me recuerda que un amigo me comentó que, a diferencia de lo que dice la estúpida mayoría de gente, él sueña a colores. (No puedo quedarme atrás). Yo también.
lunes, 31 de octubre de 2005
Manual para flotar
Creen que el mundo no puede dar mil giros en un instante. Pero aún no han visto nada. Ser adolescente es, de hecho, saber que cuando das una vuelta bailando con tu pareja y ves a todo el mundo; vuelves a verla y no es la misma. Es otra, nunca vuelves a ser el mismo. Ella corre hacia ti y te dice vuelve, pero ya te has ido.
Las primeras veces aseguras que nunca volverás y les dices a todos: “nunca, nunca voy a volver, los odio y odio el mundo que vivo con ustedes, que no existen. Los odio y no quiero volver a ver el mundo que ustedes ven, ni quiero hablar con las mismas palabras con las que hablan ni quiero ir a las mismas fiestas, porque me aburren.” Nunca te lo dicen, pero todos saben que eres un tío bien aburrido y un tímido y no les importa si eres uno de estos chicos que nunca maduran y siempre tienen esta sonrisa de idiota porque siguen siendo unos niños simples que no se complican con nada. Pero pasan las personas-años a tu alrededor y te vas complicando todo y te evades cuando el miedo que tienes a vivir como los demás es demasiado grande. No puedes más y deseas estar muerto todo el tiempo o irte a otro sitio, como si en tu huida vislumbrases a lo lejos una salida que es un retorno y una posibilidad de eternidad nostálgica de todo lo vivido. Deseas ser invisible y no tener un cuerpo que arrastrar por el mundo. Eres un horrible, en las fiestas siempre solo, en el mejor de los casos ebrio vomitando en el baño y asombrado por cómo has regresado a casa y dormido en tu cama. “Increíble”, dices luego: “cómo es de sabia la naturaleza que siempre retorno, aún cuando lo que deseo es quedarme muerto en una vereda y no seguir en esto”.
No hay nada que decir. Cuando me siento a escribir me pregunto: ¿qué es aquello que debería decirle a todo el mundo? Hoy he estado todo el día pensando en que tengo algo muy importante que decir. Pero llegado el momento del “decir” me olvido de todo, como si la mente de este sistema cobarde, que siempre trata de defenderse, saliera a relucir sus estandartes oscuros y su silencio confuso. Sin embargo es falso, ese algo que deben escuchar existe. Lo escucho siempre cuando estoy viajando solo a pie o en carro, llega a mis oídos más íntimos en forma de dulces y suaves voces que hablan del futuro en historias distorsionadas hechas de hilos que se tejen y se destejen y visiones que me muestran los paisajes más bellos.
Suenan lejanas y nocturnas. Me hablan cuando veo la luna. Viéndola llena, acariciando, flotando en las nubes moradas es más fácil escucharlas. Viajan en rayos de plata y caen entre mis ojos, me atraviesan el cráneo y hablan conmigo de una forma muy secreta y oscura. Hablar con ellos es casi como hablar conmigo mismo. Las historias que me cuentan son sueños. Soñarte es mi trabajo, extraño ser hecho de texto.
El mundo está construido de sueño y olor. Plaza Francia a las 6 de la mañana y todos tus amigos con la cabeza grasosa y las miradas perdidas, casi bizcos, sonriéndole a nadie con un índice levantado como si fuesen a decir algo, pero no dicen nada. Buscan una panadería donde sacar bajada y engullírsela sentados en una banca, esperando a que pase un carro en el que te metes con otros dos que toman la misma ruta y vomitan el tamal, los panes, el ron, el vino, la chela y toda la mierda que se metieron en la “fiesta”. Forman un río enfermo de coágulos de alcohol y comido que no llegó a convertirse en mierda . Nadie les dice nada, ni siquiera el cobrador. “Aquí todo el mundo hace su trabajo, usted cobre y déjenos pudrirnos.” Un sol y no les reclama porque ya está acostumbrado a ese tipo de espectáculos en descomposición. Arequipa, Arequipa, Wilson, sube sube, pisa. A veces te despiertas con golpes y manotazos torpes y oyes la voz de uno de tus amigos que te dice: “baja acá, ya llegaste a tu jato, tío”, y le dices: “no jodas” y te vuelves a quedar dormido. A veces ninguno se despierta y terminan en un sitio desértico. Compran más ron, cagándose de risa, sin pensar que están vivos y que algún día todo va a terminar y que mientras tanto hay muchas cosas que hacer, que hacen las personas comunes y corrientes. A veces te despiertas y te despides de tus amigos que están peores que tú y se dan las manos asquerosas y te preguntas “¿pero dónde van a quedar sin mí?”. Te quedas en la combi y duermes sabiendo que algún día se detendrán y estarán sobrios y podrán regresar a sus casas, almorzar, dormir y ser humanos “comunes y corrientes”. Mientras tanto continúan estas vacaciones de mitad de semana, de mitad de mes, de mitad de vida y que todo se vaya a la mierda y se acabe porque todavía tienes un troncho en un bolsillo y 5 lukas para comprar más trago en el otro.
Porque la chica más hermosa del mundo no piensa las cosas que te gustaría que piense. En ti, por ejemplo. Ni piensa que el mundo puede acabar en cualquier instante si tú y los vagabundos de tus amigos un día decidieran que ya nada vale la pena y se ataran todas las bombas del mundo y todas las que podrían hacer con el anarchist’s cookbook, y plum destruyeran esta civilización que odias.
Sabes que lo que estudias no sirve para nada, solo para satisfacer tu excéntrica curiosidad, esa sed insaciable. Que lo que te gusta hacer es mediocre y nadie lo aprecia: la música que improvisas, los cuentos que escribes. No se puede. Quiero destruirme por completo. No quiero existir aquí ni en otro lugar.
Las primeras veces aseguras que nunca volverás y les dices a todos: “nunca, nunca voy a volver, los odio y odio el mundo que vivo con ustedes, que no existen. Los odio y no quiero volver a ver el mundo que ustedes ven, ni quiero hablar con las mismas palabras con las que hablan ni quiero ir a las mismas fiestas, porque me aburren.” Nunca te lo dicen, pero todos saben que eres un tío bien aburrido y un tímido y no les importa si eres uno de estos chicos que nunca maduran y siempre tienen esta sonrisa de idiota porque siguen siendo unos niños simples que no se complican con nada. Pero pasan las personas-años a tu alrededor y te vas complicando todo y te evades cuando el miedo que tienes a vivir como los demás es demasiado grande. No puedes más y deseas estar muerto todo el tiempo o irte a otro sitio, como si en tu huida vislumbrases a lo lejos una salida que es un retorno y una posibilidad de eternidad nostálgica de todo lo vivido. Deseas ser invisible y no tener un cuerpo que arrastrar por el mundo. Eres un horrible, en las fiestas siempre solo, en el mejor de los casos ebrio vomitando en el baño y asombrado por cómo has regresado a casa y dormido en tu cama. “Increíble”, dices luego: “cómo es de sabia la naturaleza que siempre retorno, aún cuando lo que deseo es quedarme muerto en una vereda y no seguir en esto”.
No hay nada que decir. Cuando me siento a escribir me pregunto: ¿qué es aquello que debería decirle a todo el mundo? Hoy he estado todo el día pensando en que tengo algo muy importante que decir. Pero llegado el momento del “decir” me olvido de todo, como si la mente de este sistema cobarde, que siempre trata de defenderse, saliera a relucir sus estandartes oscuros y su silencio confuso. Sin embargo es falso, ese algo que deben escuchar existe. Lo escucho siempre cuando estoy viajando solo a pie o en carro, llega a mis oídos más íntimos en forma de dulces y suaves voces que hablan del futuro en historias distorsionadas hechas de hilos que se tejen y se destejen y visiones que me muestran los paisajes más bellos.
Suenan lejanas y nocturnas. Me hablan cuando veo la luna. Viéndola llena, acariciando, flotando en las nubes moradas es más fácil escucharlas. Viajan en rayos de plata y caen entre mis ojos, me atraviesan el cráneo y hablan conmigo de una forma muy secreta y oscura. Hablar con ellos es casi como hablar conmigo mismo. Las historias que me cuentan son sueños. Soñarte es mi trabajo, extraño ser hecho de texto.
El mundo está construido de sueño y olor. Plaza Francia a las 6 de la mañana y todos tus amigos con la cabeza grasosa y las miradas perdidas, casi bizcos, sonriéndole a nadie con un índice levantado como si fuesen a decir algo, pero no dicen nada. Buscan una panadería donde sacar bajada y engullírsela sentados en una banca, esperando a que pase un carro en el que te metes con otros dos que toman la misma ruta y vomitan el tamal, los panes, el ron, el vino, la chela y toda la mierda que se metieron en la “fiesta”. Forman un río enfermo de coágulos de alcohol y comido que no llegó a convertirse en mierda . Nadie les dice nada, ni siquiera el cobrador. “Aquí todo el mundo hace su trabajo, usted cobre y déjenos pudrirnos.” Un sol y no les reclama porque ya está acostumbrado a ese tipo de espectáculos en descomposición. Arequipa, Arequipa, Wilson, sube sube, pisa. A veces te despiertas con golpes y manotazos torpes y oyes la voz de uno de tus amigos que te dice: “baja acá, ya llegaste a tu jato, tío”, y le dices: “no jodas” y te vuelves a quedar dormido. A veces ninguno se despierta y terminan en un sitio desértico. Compran más ron, cagándose de risa, sin pensar que están vivos y que algún día todo va a terminar y que mientras tanto hay muchas cosas que hacer, que hacen las personas comunes y corrientes. A veces te despiertas y te despides de tus amigos que están peores que tú y se dan las manos asquerosas y te preguntas “¿pero dónde van a quedar sin mí?”. Te quedas en la combi y duermes sabiendo que algún día se detendrán y estarán sobrios y podrán regresar a sus casas, almorzar, dormir y ser humanos “comunes y corrientes”. Mientras tanto continúan estas vacaciones de mitad de semana, de mitad de mes, de mitad de vida y que todo se vaya a la mierda y se acabe porque todavía tienes un troncho en un bolsillo y 5 lukas para comprar más trago en el otro.
Porque la chica más hermosa del mundo no piensa las cosas que te gustaría que piense. En ti, por ejemplo. Ni piensa que el mundo puede acabar en cualquier instante si tú y los vagabundos de tus amigos un día decidieran que ya nada vale la pena y se ataran todas las bombas del mundo y todas las que podrían hacer con el anarchist’s cookbook, y plum destruyeran esta civilización que odias.
Sabes que lo que estudias no sirve para nada, solo para satisfacer tu excéntrica curiosidad, esa sed insaciable. Que lo que te gusta hacer es mediocre y nadie lo aprecia: la música que improvisas, los cuentos que escribes. No se puede. Quiero destruirme por completo. No quiero existir aquí ni en otro lugar.
sábado, 29 de octubre de 2005
La vida es una falsedad enferma y triste y a casi todo el mundo le gusta vivirla así. ¡Qué bien!
No tengo tiempo para nada ni siquiera para dormir en las combis. Ni para tocar con uña, cuando nos juntamos para hacer música en la sala de ensayos, solo llego grito un poco y me voy. No tengo tiempo para pensar mientras estoy en la clase rodeado de manos que escriben en cuadernos con páginas anilladas. No tengo tiempo para escribirte, porque no tengo tiempo para nadie. No tengo tiempo para ser feliz ni sonreír, porque estoy demasiado ocupado haciendo cosas demasiado importantes para personas con vidas demasiado hiperbólicamente exageradas que están haciendo cosas todo el tiempo.
No tengo tiempo para prestarle atención a los aviones porque la música me tiene en otra al caminar del paradero a mi casa. Mucho menos puedo estar tranquilo conversando en una banca porque tengo que pararme e ir siempre a otro sitio para descubrir que estoy tarde para llegar al siguiente. No tengo tiempo para soñar, porque en dos horas a penas se puede pestañear para continuar al amanecer con las mismas cosas absurdas que se hacen todos los días, comer sin tiempo para saborear, hablar sin tiempo para conversar, caminar sin tiempo para pasear, mirar sin tiempo para contemplar, ir de un lado otro sin tiempo para viajar, y atravesar la realidad sin vivirla de verdad.
No tengo tiempo para prestarle atención a los aviones porque la música me tiene en otra al caminar del paradero a mi casa. Mucho menos puedo estar tranquilo conversando en una banca porque tengo que pararme e ir siempre a otro sitio para descubrir que estoy tarde para llegar al siguiente. No tengo tiempo para soñar, porque en dos horas a penas se puede pestañear para continuar al amanecer con las mismas cosas absurdas que se hacen todos los días, comer sin tiempo para saborear, hablar sin tiempo para conversar, caminar sin tiempo para pasear, mirar sin tiempo para contemplar, ir de un lado otro sin tiempo para viajar, y atravesar la realidad sin vivirla de verdad.
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