viernes, 13 de abril de 2007

Si los sentidos hablaran

Te dirían que los sobes contra las cosas del mundo y contra el mundo con tanta fuerza que con sangre en los labios y sin algunos dientes frontales te abrazarían en agradecimiento. Pero no, los sentidos de todos los seres que habitan las calles que transito están apagados, amodorrados, calientitos y aburridos, envejeciendo sin provocarle simpatías a nadie.
Una lluvia horizontal, algunas tardes en las que el cielo se tiñe de tonos rosas, dorados y grises, los reanima como cuando la cabeza entra entera en el lavatorio llevándose todo el sudor, todas las canchas que uno a corrido de arriba a bajo sin desodorante, de arco a arco oliendo a carne. Las venas de mi cuerpo claman: gracias por no dejarnos reventar, gracias por el agua helada.
Y el viento luego sopla para templar la piel y formar una costra de agua que cada vez se va poniendo más y más fría. Y los sentidos golpeados en su confortable insensibilidad seasoman por la puerta. El deliveryman ha llegado con alguna droga para la noche en la que los sentidos salen de casa a percibir el mundo exterior, ese antro de maravillas indescriptibles e inimaginadas. Les inyecta en las venas el somatizador, el corporeizador. Finalmente los sentidos saben que tan real es el mundo. Ellos lo viven, luego nos lo cuentan.

Así aprendemos. Nos drogamos, vemos, nos contamos qué fue, luego se nos pasa, envejecemos y nos vamos al infierno. La vida es dulce e interminable. Se abre una puerta que conduce al vacío. Hay una casa en cada estrella. El camino negro que une cada puerta hace invisible al caminante. Así es como visito a cada uno de mis amigos. Las drogas son solo unos visores nocturnos para caminar en la oscuridad.

Algún día los hombres que veo cotidianamente en las calles entenderán que es posible percibirlo todo, estar en todos lados al mismo tiempo, tener plena conciencia de cada detalle que compone la estructura y transitar todos los caminos posibles en un instante eterno. Mientras tanto me gusta ver los gestos como caminando en un museo. Amo cada gesto de desesperación, desilusión, incredulidad, desesperanza, ignorancia, ira y desinterés. Pues cada uno de ellos es un héroe que sin saberlo me mantiene con vida una eternidad más y luego otra. Hasta que los sentidos se callen, caminen a la estrella que llevo entre los ojos y cierren la puerta tras de sí para echarse a dormir. Y yo también, porque me gusta visitarte cuando estoy dormido.

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