viernes, 22 de agosto de 2008

La metáfora en La nieves del Kilimanjaro de Ernest Hemingway

He realizado un análisis, a manera de sinopsis e interpretación hermenéutica del cuento "Las nieves del Kilimanjaro" del escritor norteamericano Ernest Hemingway para extraer de él los principales símbolos, metáforas y alegorías de este texto rico en figuras del campo figurativo de la metáfora. He seguido la segmentación propuesta por el autor.

En tal sentido, el primer segmento está en cursivas. Es el epígrafe, que cuenta como parte del cuento. En él se plantea la alegoría básica del relato. Se nos dice que en la cumbre nevada de esta montaña africana se encuentra el esqueleto de un leopardo. Que nadie puede dar una explicación a su ubicación en tan seco, frígido y apartado lugar. Además se nos dice que Kilimanjaro en masai significa “la Casa de Dios”. La muerte, la cima/sima, Dios, la llegada y culminación. Parece ser la antesala, la premonición de un suceso fatídico, no como la azarosa irrupción de la muerte en medio de la vida, sino como arribo, caída, descenso a lo más alto: a la morada de la perfección, de Dios, en medio del silencio frío y blanco de la nieve.

En el segundo segmento nos encontramos con un diálogo impactante y conflictivo entre un hombre y una mujer, asistidos en la sucesión de las acciones por un parco pero acucioso narrador observador en 3era persona. La pareja se ha quedado varada en medio de una llanura y esperan la llegada de un aeroplano para que puedan llevar el cuerpo del hombre, que se está muriendo, a un hospital. Se encuentra acechado por las miedosas aves carroñeras que esperan su deceso.
El hombre quiere iniciar una discusión, un pleito, una disputa para hacer que el tiempo pase rápido. Hace uso de ironías y escarnios, que su mujer, piadosa y solidaria, no comprende. Por otro lado, de forma inconsciente la mujer ofende al hombre al tratarlo de cobarde por no luchar, no mostrarse positivo ni dar muestras de deseo de supervivencia. Eso ofende al hombre, siendo él duro y recio al estar manteniendo en sus condiciones una conversación tan poco quejumbrosa y con ánimos de diversión, de entretenimiento. La llama tonta, estúpida. La mujer se pone nerviosa desde antes, al notar las mordacidades del pesimista y le trata de dar ánimos inútilmente. El hombre se ha resignado a morir y los buitres cual símbolo de esta aceptación comienzan a bajar, a caminar y a observar desde el suelo de igual a igual con los hombres, pero sin acercarse, como temiéndoles.
Le mujer representa las esperanzas de vivir, el deseo de seguir en el juego, la carrera de seguir existiendo, la apuesta por ganar. Es rica de hecho es quien mantiene al hombre y la que ha financiado su viaje a ese paraje africano donde habían llegado para cazar, pero donde al parecer el hombre vivirá sus últimos días representando la desidia, el abandono, la indiferencia frente a la vida, el cansancio abrumador y total, la entrega a la muerte. A pesar de, se nos anuncia, haber dejado una labor de suma importancia inconclusa.
Comienzan a beber, ambos personajes son asiduos a la bebida.
Nos enteramos además que la herida que tiene postrado a Harry, el personaje masculino, es una gangrena en la pierna derecha, que pudo haber sido evitada, pero que el olvido, la despreocupación de Harry al no desinfectarla devino en tan grave infección que ahora le está segando la vida. Con la gangrena desapareció el dolor y con ello el miedo dejando solo cansancio y cólera en él. Pero lo más importante es que ya no podrá escribir las cosas que había dejado para cuando tuviera la experiencia suficiente para hacerlo.
La mujer se pregunta el por qué de estas desventuras: perdidos en el África a la espera de que los rescaten y Harry muriéndose de una gangrena en la pierna y las respuestas de Harry, a pesar de estar tomando, son sumamente centradas, racionales y materialistas: primero, por no haberse echado yodo en la pierna luego de hacerse la herida; segundo, por no haber contratado un buen mecánico para conducirlos; tercero, si ella se hubiese quedado con sus amigos ricachones dentro de la civilización nada de eso hubiese sucedido. Para finalmente frente a todas las negativas de la mujer terminar diciéndole que no la quiere, que nunca la ha querido, a diferencia de ella que lo ha querido y lo quiere y lo demuestra constantemente con su preocupación y por desear mantenerlo con vida. Comienza a hacerse evidente la falta de amor de Harry, que simplemente está cansado y resignado a morir.
El tercer segmento como el primero está en cursivas. Pero se nos dice con las tres primeras palabras que son sucesos de su imaginación, de su memoria. Asalta un primer recuerdo: la luz de un tren atravesando la oscuridad. Luego nos dice que éstas son las cosas que había reservado para escribir en otra ocasión, cuando estuviese mejor preparado, cuando tuviese el tiempo de hacerlo, cuando se sintiera preparado para hacerlo. Luego recuerda que la mala observación de la nieve en una montaña hace que un viejo alto mando militar dé una mala información a sus subordinados mandándolos a la muerte. Luego recuerda a un hombre que habiendo desertado a su ejército llegó a la casa de un leñador donde Harry se encontraba alojado para ocultarse de la gendarmería, pero con los pies sangrando por la nieve y el helado camino que tuvo que hacer. Luego el recuerdo de un tal Herr Lent que perdió todo lo que tenía jugando a los naipes en la Madlener-haus donde pasaron toda una semana encerrados debido a la nieve y recordó que gran parte de su vida se la había pasado jugando. Finalmente tiene una serie de otros recuerdos breves relacionados con la nieve cuando se encontró en plena guerra mundial en el frente austriaco y termina con la imagen de cuando se quitaba los esquíes para ingresar a una casa cuyo interior, cálido, lleno de humo y con olor a vino fresco le dan una apariencia de “cumbre del Kilimanjaro”, de llegada luego de un fatigoso y cansado viaje a través de la nieve.

En el cuarto segmento volvemos al diálogo entre Harry y su mujer. Esta vez discuten sobre los sitios que frecuentaban y donde se hospedaban cuando vivían en París. Harry no los recuerda y considera que recordarlos y sentir cariño por ese pasado es una porquería, lo cual definitivamente hiere a la mujer. Para pedir disculpas recurre a la misma mentira de siempre: le dice que la quiere, que ella lo sabe, que a nadie quiere como a ella. Lo cual la ánima, pero inmediatamente él vuelve a arruinar la relación a llamar a sus palabras poesía podrida. Actuando como el mal sobre el bien, sobre ella, como la muerte sobre la vida, complementarios, uno el límite del otro, uno necesitado del otro, como los objetos bajo la luz con sus sombras. A Harry no le gusta dejar nada detrás de sí.

El quinto segmento comienza con Harry despertando solo al inicio del anochecer, su mujer a la que le había enseñado a cazar y a la que en el segundo segmento, bajo ese pretexto le pidió medio en serio, medio en ironía que lo matara, se encuentra cazando animales para conseguir comida. Su relación en este punto es un poco como los leones, en la que el macho es mantenido por la hembra que es más eficiente en las labores vitales como la cazería, aunque el macho sea más fuerte e imponente. Aunque en el caso de los leones, estos no cazan porque la melena les pesa mucho; en el caso de Harry este ha perdido las ganas de vivir porque está muriendo por la gangrena y es conciente de que en verdad no ama a su mujer. Se pone a reflexionar que ella no tiene la culpa de haberlo conocido así. Ya desde antes les mentía a las mujeres para obtener éxito con las mujeres, sus favores sexuales y dinero. Y sus mentiras lo fueron acercando a mujeres de cada vez mayor dinero hasta llegar a esta su última mujer, que lo rodeó de millonarios, esos indiferentes frente al trabajo, pues no necesitan trabajar; de los que piensa hubiese sido apasionante escribir si no fuese porque las comodidades que esta mujer le dispensaba embotaron sus habilidades de escritor, reblandeciendo su voluntad de trabajo y sumiéndolo en la apatía y el desgano propio de los ricachones con los que en un principio no se identificaba, con los que se sentía diferente, como un observador extranjero en su nación. Acá usa la metáfora de los boxeadores que acumulan grasa por no hacer ejercicio. Todos estos lujos lo estaban llenando de una “grasa espiritual” que lo tenía inmovilizado. Así que decide realizar el viaje a África donde tiempo antes había vivido buenos momentos y de donde llevaba gratos recuerdos. A ella que le gusta lo novedoso, los cambios de escenario, la gente nueva y las sensaciones agradables le satisfizo la idea y ella financió el viaje de ambos. Le resignación de Harry va más allá de simplemente aceptar su muerte, se siente resignado a aceptar la vida hipócrita que ha llevado viviendo hasta ahora, al lado de una mujer que no ama e incluso a la que guarda cierto resentimiento por haber truncado su talento a la que culpa por su pérdida de talento, su flojera, su desidia. Aunque inmediatamente se da cuenta que el único culpable de su pereza y holgazanería para escribir y de no haber explotado su propio talento es él mismo y su orgullo y sus prejuicios personales. Finalmente concluye, el talento consiste en cómo vive uno la vida. Además aunque él no la ame, le entrega su vitalidad y ella lo ama como escritor, hombre y compañero y se siente orgullosa de él.
Ella regresa con la presa de su cacería cargada por sus sirvientes. La contempla todavía la encuentra bonita. Ella es muy parecida a él, ha tenido una vida disipada. Enviudó joven, uno de sus hijos murió, sus pasiones son los caballos, los libros y el alcohol. Tuvo muchos amantes que la hacían sentir sola. Ella queriendo rehacer su vida conoce a Harry y admirada porque es escritor, porque consigue lo que quiere, su amor fue creciendo progresivamente alimentado en efecto por la vitalidad de ese hombre.
Le manifiesta el deseo de prepararle algo de comer y cuidarlo. También el que si estuviese bien podría disfrutar del todo ese viaje. Luego le pide que no vuelvan a discutir, pues ella lo ama y esas discusiones la destrozan. Le insiste en que el aeroplano que los sacará de esa situación llegará al día siguiente y que no morirá. Se ponen a beber. Aparece una hiena, antes de que anochezca pero con suficiente oscuridad como para no poder cazarla con un arma, la misma que aparece todas las noches por ahí desde hace dos semanas, dice él.
Mientras beben él se da cuenta que ella es muy buena con él, que fueron sin motivo sus disputas de esa misma tarde, producto de su desánimo, desconsuelo y frustración por asumir que moriría sin llevar a cabo de plan de escritor. Y eso lo hizo actuar con crueldad e injusticia con esa mujer delicada y maravillosa. Le parece bien que hayan dejado de pelear, aunque mientras lo hacían era eso lo que a él mejor le parecía para hacer pasar el tiempo de espera de la muerte en el caso de él, del rescate en el caso de ella. Pero de todas formas con todas las mujeres que amo siempre tuvo una pelea que destruía todos los vínculos de amor. “Había amado demasiado, pedido muchísimo y acabado con todo.” La mujer se va a bañar, para al regresar comer con él y luego entrar a dormirse. Lo deja solo.

El sexto segmento son pensamientos nuevamente en cursivas, recuerdos de sus mujeres anteriores. La carta que le escribió a su primera, a la que abandono y a la que nunca pudo olvidar aunque se la pasara con prostitutas todo el tiempo. Le escribió diciéndole que nunca más pudo curarse de su amor y que la buscaba en otras mujeres. Salió con una, pero la abandonó el mismo día porque no sabía bailar y se fue con una mujer de vida alegre armenia por la que se peleó con un artillero inglés hasta quedar muy mal ambos. Se acostaron y la abandono antes de que despertara. Esa misma noche viajaba hacia Anatolia. En Constantinopla vio a muchos soldados muertos vestidos de mujeres, asesinados por sus propios oficiales. Luego regresó a París y observó el ambiente artístico, cultural. Volvió a buscar a su primera mujer contento por que hubiesen terminado todos los problemas hasta que llegaron las cartas que él mismo había enviado y así volvió a terminar su relación con ella a morir con ella. Y así todas sus relaciones habían sido tormentosas y motivo de inspiración para escribir cosas que nunca escribió. Así como sus aventuras a través del mundo y su paso por acontecimientos históricos mundialmente como la gran guerra.

En el séptimo segmento, vuelve del baño la mujer y lo primero que él le dice es que lo ayude a escribir que él le va a dictar. El hecho de que sabe que va a morir, el que lo haya asumido lo impulsa a vivir intesamente, mucho más que la mujer que todavía guarda reparos, lo cuida, le recomienda que tome el caldo caliente para que se fortalezca. Y a él nada de eso le importa. Toda su pasión e ímpetu están volcados en la consumación de aquello que dejó siempre para el final y por darle un final distinto a esta relación. Esta vez no quiere pelear, a diferencia de todas sus demás relaciones. Pero quiere escribir, no se rinde a escribir lo que se había propuesto.

En el octavo segmento, en cursivas, él le comienza a dictar algunas anécdotas. La primer es la de una cabaña que se incendió y en la que se quemaron pertrechos de cacería: escopetas, cartuchos y cajas. Una vez reconstruida la casa no se volvieron a comprar armas. Tal vez por que las mismas armas fueron las que iniciaron el incendio, no se sabe por qué no se compraron más armas una vez la casa se reconstruyó, pero las antiguas siguieron afuera derretidas probablemente entre un montón de cenizas que nadie volvió a tocar. Luego un recuerdo de una temporada de pesca en un lago con un hotel agradable que tuvo muy buenas rentas un año, pero al año siguiente debido a la inflación no pudo ni abrir y cuyo dueño se suicidó.
Esa era fácil de dictar se dice, pero luego comienza a recordar la vida en la Plaza Contrescarpe en París, donde la mujer de un ciclista se sintió tan orgullosa del tercer puesto de su marido en la prueba París-Tours que le mostró a todo el mundo el recorte de deportes donde salía el hombre. Todos lo vecinos de ese barrio eran pobres. Recuerda que eran de dos tipos las personas de la Plaza: deportistas y borrachos y que conocía a todos ahí. Esa zona pobre de París fue lo que más le gustó, tan llena de anécdotas e impulsos y excesos de la gente del pueblo.

El noveno segmento sucede después del dictado, la mujer le ofrece más sopa. A la que se niega y le pide whisky, que ella no le da. Cuando se vaya, “tomaré todo lo que haya”, piensa. Muy cansado, pero tranquilo, después de estar escritas algunas cosa que deseaba escribir siente la catarsis de la labor anhelada realizada e imagina a la muerte yendo en silencio por una calle empedrada alejándose. Como vemos él no se identifica con los ricachones de la sociedad de su actual mujer, pero sí con los borrachos del barrio pobre de París, que saliendo de trabajar van a emborracharse para regresar al trabajo al día siguiente. Y por sus memorias del segmento anterior podemos ver su apego al fracaso al que inexorablemente el destino le tiene preparado por ejemplo al dueño del hotel y al abuelo al que se le quema la casa, así como la idea de dejar la agresión, de no volver a comprar armas.

El décimo segmento, en cursivas, piensa en una anécdota parisina, del París que a él le interesaba, ese París mórbido como la historia en la que piensa en este segmento: la del muchacho al que le dejan en cuidado el forraje de un rancho, que al ser necesitado por un viejo. Va lo pide y el muchacho se niega. Golpea al chico, que se vuelve a negar y frente a las amenazas el peón toma una escopeta y mata al viejo. Que es recogido por la policía y luego de las investigaciones y dar con el asesino, éste se pone a llorar de impotencia en busca de ayuda por haber cumplido bien su función. E historias bizarras y negras, de asesinatos, como esa parecidas y buenas tenía como veinte que nunca había escrito.

En el onceavo segmento, ya borracho, el diálogo con su mujer continúa. Ella no toma mucho. Pero él, ahora cuando está al borde la muerte por una gangrena perdido con una mujer en medio de la llanura es que decide que tiene que escribir todas las historias que guardaba para escribir después. Y piensa que si sobrevive no va a escribir las historias ni de los pobres ni las de los ricos que eran unos perezosos y unos alcohólicos, como lo que es él ahora que se está muriendo.
Así como siempre creyó “que podría vencerlo todo y a todos y que nada podría hacerle daño, ya que nada le importaba”. Ahora no le importaría morir. Siempre le temió al dolor, pero lo aguantaría mientras no fuese duradero y agotador. Sin embargo, nos deja en suspenso algo lo hería mucho “y cuando iba a abandonarse a su suerte, cesó el dolor”.

El doceavo segmento es el recuerdo espeluznante recuerdo que tiene del oficial Williamson. Quien herido de una granada y con las tripas afueras entre las alambradas de púas siguió vivo, después de consumir todas las tabletas de morfina y al que tuvieron que matar. Pues ya lo habían conversado en los términos de que Dios no deja que alguien sufra más de lo que puede soportar.

El treceavo, junto con el penúltimo y último segmentos, es el más revelador de todos y más ambiguo pues aquí Hemingway juega con la presencia y personificación de la muerte. De manera que no nos enteramos de quién es realmente la muerte ni de lo que realmente mata a Harry debido a los juegos de metáforas que utiliza. Voy a ensayar algunas posibles interpretaciones de este desenlace del cuento.
Comienza comparando la agonía suyo con la del oficial Williamson, frente a la que la suyo es nada. Piensa en la compañera con la que le hubiese gustado estar en ese momento sin darse una respuesta. Se impacienta, ya sabe que la muerte le va a llegar esa noche y no quiere que dure mucho. “La reunión ha terminado y ahora has quedado solo con tu patrona. ¡Bah! Este asunto de la muerte me está fastidiando tanto como las demás cosas”, piensa. Le dice a su mujer que es un fastidio todo lo que dura mucho, pudiendo referirse a la agonía que está viviendo pero también a la relación que él tiene con ella y en general a toda su vida llena de fracasos amorosos. Harry mira a su mujer, que está detrás del fuego y detrás de ela está la hiena haciendo ruido, donde la luz del fuego no deja verla. Él la ve cansada y le pregunta si está bien, ella responde que solo tiene sueño y que él ha estado escribiendo y también se siente cansado. En ese momento “la muerte se acercaba de nuevo”. La muerte se personifica pero no sabemos cómo es que se acercaba no sabemos qué es exactamente lo que ve Harry, si ve a la muerte en el fuego, si en su mujer, si en la hiena, si en algo más o si en todo junto. En ese momento comienza a delirar y sigue hablando alertando a la mujer de que la muerte no es como la mayoría la imagina puede tomar cualquier forma y no ocupa ningún espacio. Lo común sería pensar que nada le sucede, sino que simplemente se está muriendo. Sin embargo dado que ese espacio vacío podría ser ocupado por la hiena que finalmente al ver a la mujer dormida y al hombre alucinando se acerco a comérselos a los dos. O la mujer que cansada de los maltratos de Harry, sobre todo con esa última frase de que es un fastidio todo lo que dura mucho, decide matarlo al ver la falsedad de los sentimientos de él. Lo que es claro es que algo va matando a Harry, lo normal es pensar, creo yo que simplemente se trata de la gangrena y que la muerte se ha personificado: “Harry trataba de echarla sin hablar; pero todo su peso estaba sobre su pecho, y mientras se acuclillaba allí y le impedía moverse o hablar”, ya incapaz de entrar en conciencia, es decir ya muerto, “oyó que su mujer decía: Bwana, ya se ha dormido. Levanten el catre y llévenselo a la tienda, pero con cuidado.” ¿El crimen perfecto cometido por la mujer?, ¿alucinación de un Harry que se niega a creer que una hiena ha acabado con ellos, en su debilidad? ¿o simplemente la gangrena que lo ha matado dejándolo como dormido?

El catorceavo y penúltimo segmento, parece ser una alucinación de Harry, que nos tiene a todos en suspenso. Al parecer no ha muerto aún a pesar de las delirantes descripciones de la noche anterior. Llega el aeroplano y se lleva a Harry. Mira pequeños a los animales de la llanura desde allá arriba, atraviesan una nube de langostas, luego atraviesan una tormenta. Finalmente observa desde la avioneta la cumbre del Kilimanjaro, sabe que es allí a donde va como el leopardo del inicio del relato. ¿Quien sabe si ese leopardo hallado no son los restos de Harry?

En el último segmento el relato parece regresar a la realidad, de la mujer que queda viva y anula el final en el que la hiena los ha matado a todos en el campamento, pues oye el sollozo del animal. Pero sigue durmiendo soñando. Los gritos de la hiena son tan fuertes que despierta busca a Harry y lo encuentra muerto.

Extraído de: Mi memoria USB

12 comentarios:

Anónimo dijo...

serviría un link para llegar al cuento. Seguro tu ensayo es interesante, no se si has pensado en bloguear su lenguaje o en por lo menos ponerle dibujitos.

Otro dijo...

el cosmos es el agujero mas pekeño donde el hombre puede meter su cabeza...

Anónimo dijo...

¿y a esto le llamas análisis? Es como un resumen mal hecho!!
Pese a todo, la intención es lo que cuenta, supongo.

Anónimo dijo...

No olvides que "cacería " se escribe con "C"

Sergio Alejandro Diaz dijo...

oye, muy buen analisis gracias por compartir esto.

Fernando Martin-Laborda dijo...

No puedo entender que alguien tenga un blog y cometa falta de ortografia... Deberias aprender los numeros ordinales: Undecimo, duodecimo, decimotercero, etc

Fernando Martin-Laborda dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Muy interesante debería ser tu articulo para ser casi tan largo como el cuento que parafraseas. No lo es.

Anónimo dijo...

Para el que leyo el cuento no aporta nada nuevo, es un extenso resumen....igual gracias..

ROBERTO dijo...

NO CRITIQUEN, ES DE MAL EDUCADO. GRACIAS A LA PERSONA QUE ESCRIBIO LA METAFORA.
BUEN CUENTO HECHO PELICULA. CADA SER HUMANO TIENE O COMETE ERRORES Y NO SON JUSTAMENTE ORTOGRAFICOS.

Octavio Dos Mundos dijo...

Buen análisis el del final; me hizo pensar que regresamos a la parte introductoria, donde la casa de Dios ha recibido un leopardo.

Yeison Pazmiño dijo...

Cual es la idea central & secundaria?