viernes, 22 de agosto de 2008

Las esferas en El obsceno pájaro de la noche de José Donoso

En el presente ensayo voy a trazar un paralelo entre las ideas expuestas en “Esferas I: Burbujas. Microsferología”, del filósofo taoísta alemán Peter Sloterdijk y “El obsceno pájaro de la noche” del escritor chileno del boom latinoamericano José Donoso. Brevemente las ideas son estas: 1.- seres como cavidad para la resonancia, 2.- las influencias desde el centro o corazón de una voluntad, 3.- la cohabitación simétrica de espacios entre el ser y su sombra o su doble, 4.- la resonancia del miedo a través de mitos que prefiguran, como la voz de la madre en la sonósfera, la construcción de la identidad del mudito y Jerónimo de Azcoitía.

Para comenzar estas son las definiciones de esferas que aparecen en el libro del alemán. Las esferas son el lugar que los hombres crean para tener un sitio donde poder existir como quienes realmente son. Una esfera es un entorno favorable de crecimiento, un sistema en el que el individuo se relaciona con otros con los que comparte la misma esfera.
La esfera es la redondez con espesor interior, abierta y repartida, que habitan los seres humanos en la medida en que consiguen convertirse en tales. Toda esfera alberga un contenido que es transferido de un polo a otro a través de la inspiración.
“Es un globo de dos mitades, polarizado y diferenciado desde el comienzo, ordenado interiormente, sin embargo subjetivo y capaz de sensibilidad: un espacio común de vivencia y de experiencia, dúplice y único a la vez”. P. 51

Sloterdijk utiliza el mito bíblico de la creación de Adán para desarrollar su teoría antropopoiética. El hombre primero fue modelado, en la biblia se dice que de barro porque fue escrita en una época en que la técnica ceramista permitió el desarrollo del sedentarismo gracias a la construcción de vasijas o espacios con interior. Así Dios habría creado como los alfareros un receptáculo que llenó con su aliento, al que inspiró. P. 42-43

Las esferas son producto de la relación del uno con el otro. De hombre con Dios, con su otro invisible, de recipiente o medio con su fuente que le transmite un contenido, que llena y le da sentido al envase con mundo interior. De esta forma se crea una esfera pues nos aclara que no es que el demiurgo preexista al objeto creado. Si el demiurgo no crea nada, entonces nada es.

“El llamado ser originario creador no es preexistente a la obra pneumática, sino que se genera a sí mismo sincrónicamente como íntimo En-frente de su igual.” P. 47

Para poder adquirir su estatus de dador requiere a alguien que lo reciba. Así en esta relación se establece un primer vínculo fuerte esférico, perfecto, equilibrado, que permite a uno y otro convivir en armonía. Para que haya una esfera tienen que haber dos o más que la habiten. Desde el momento en que un niño es concebido son dos los que hacen que el niño crezca, tanto física como sicológicamente: el mismo y su madre a través del líquido amniótico. En la vida intrauterina el niño convive con la placenta, es su único compañero, su gemelo, su protector, como un ángel guardián que es igual a él porque conviven en el mismo tibio receptáculo, pero totalmente distinto porque una vez pasados los nueve meses de gestación la esfera que aloja al nuevo ser entra en crisis y el niño tiene que nacer como salido de un huevo. Cuando el niño nace y abandonada la esfera de la matriz materna, su compañero, su cáscara es desechada para que éste pueda madurar en una esfera de proximidad ampliada, una esfera más grande en la que tendrá mayores posibilidades para el ejercicio de su libertad pero en la que los peligros de lo exterior son en definitiva mayores, y en la que tendrá que rehacer su relación con su compañero o complemento para poder volver a crear una esfera, que es su sistema inmunológico frente a las amenazas de lo exterior, lo extraño, lo casual.

Así cuando está en el vientre materno. No solo nutrientes y químicos lo alimentan en gestación, sino que éste ya comienza a escuchar la voz de su madre, que le dice lo que necesita y desea escuchar; una voz casi propia en medio de lo que Sloterdijk llama el canto de sirenas (como el paso de Ulises a través del canto de estas criaturas que lo intentaron seducir para apartarlo del camino de retorno a Ítaca, su hogar), los ruidos del exterior que no lo llaman a nada y que probablemente no estén remitidos a él. Y debido a su carácter vascular, lleno de un vacío propio de sí, que es llenado por la voz de su madre o de Dios o de aquello por lo que el individuo se deje llenar/alimentar, adquiere dirección, sentido; se hace resonante puede a su vez inspirar en otros, aunque de forma diferente y diferida. Puede por ejemplo escribir y crear objetos artísticos o culturales en general en los que la identidad comunitaria, ese gran otro que es de todos, conforma esferas de mayores dimensiones. Cuando dentro de una placenta hay ya varios individuos se puede estar hablando de horda, clan, tribu, sociedad, nación. Y esa placenta nutricia, está en los textos que comparte toda cultura: mitos, tradiciones orales, escritas, novelas, música, gestos, lenguaje en general. Fuera del vientre materno la forma que tendrá de crear fuertes vínculos con otros será a través del encuentro interfacial. La inspiración vendrá de lo bello, la voz de la madre entre el canto de sirenas, será como el rostro del ser amado en medio del mar de otros rostros.

Hasta la época moderna todas las esferas han estado buscando su imperialización, su hegemonía por encima de las demás, bajo la creencia de que la fuente está ubicada en un centro, llámese Dios, ideal, rey, etc. El poder albergar a la mayor cantidad de individuos para inmunizarlos del exterior peligroso y salvaje fue la misión de la iglesia católica y del imperio romano. Llenar esos cuencos con la bella, buena, justa e ideal luz que irradia su centro del cual el poder de seducción fascina a sus oyentes, observadores, testigos, prometiéndoles la inmunidad frente a lo ajeno inherente a toda esfera. De esta forma aparecen dos tipos de personas las que se dejan llenar por esta luz irradiada desde el centro esférico desde donde quien está más cerca al centro es “más elegido”, “más noble” y “más bello” que aquellos que yacen en la periferia o perdidos en el exterior de tal esfera, los vulgares, los que ni siquiera tienen un nombre pues no han sido alumbrados por un solo rayo del Dios solar del centro.

De la página 172 a la 174 parafrasearé una información que será útil al ver lo que sucede en la novela de Donoso con Jerónimo de Azcoitía y Humberto Peñaloza quien sería el mudito.

En el año 38 a.C., Octavio, el futuro César Augusto, hace acuñar una moneda en la que aparecen dos rostros de perfil mirándose el uno al otro, en el de la izquierda el César coronado, al que se designa como el divino Julio y a la derecha casi como un reflejo su sucesor y sobrino, que en aquel momento se hacía llamar el hijo de Dios. Dentro de una cultura en la que se lee de izquierda a derecha el mensaje que dan al Imperio es la transmisión interfamiliar del poder de un viejo a un joven dios.
“Octaviano [el joven] está frente a su padre como “hijo de derecho divino”. Por adopción encomienda el padre a su hijo la misión imperial; por su parte, el hijo elige al padre propio como su dios idiosincrásico... El dinero es la tercera persona de la trinidad romana: por eso, quien ve en el denario al hijo de Augusto, ve a la vez al padre. Padre e hijo están unidos por el espíritu que vale; la forma circular de la moneda reduce a los dos únicos a su forma ideal. Mientras estuvo en curso todo podía conseguirse con esa pieza de dinero; es la hostia pragmática de la Roma aeterna.” Pp 172-174.

Una vez realizado el anterior vistazo sinóptico a algunas de las ideas del interesante libro Esferas. Procederé a ver cómo funciona esta idea de esferas en los personajes de Jerónimo de Azcoitía y el mudito en la novela “El obsceno pájaro de la noche”.

Jerónimo de Azcoitía retorna de Europa llamado por su tío, Clemente para ser candidato a diputado de una provincia a la que en principio se niega porque sabe que su numerosa familia es conocida por manipular la política del país. Le dice que se colocara donde se colocara, de todas formas su familia con su tío en la cabeza lo utilizarían como recipiente del poder que los Azcoitía detentan y que solo tendrá libertad para reproducirse y crear nuevos cuerpos para que ese poder transite, se ejercite/ejerza, funcione.

El tío termina sus días dentro de la Casa, donde son recluídos los ancianos y sus esferas grises e indescifrables que guardan debajo de la cama; enloqueciendo y, según los rumores: el ruido, el canto de las sirenas que forma una esfera de la que participan las viejas y huérfanas que habitan la Casa; penando desnudo como la última vez que se apareció en público, totalmente demente debido al encierro. Pero cuando le ofrece la candidatura a su sobrino todavía es un Reverendo Padre, representante del poder de Roma, del linaje directo del dios católico que es quien dirige los movimientos de la esfera social en la que se desenvuelve la trama de la historia

A pesar de ello Jerónimo acepta y se casa con Inés de Santillana. Para que la sangre noble pueda tener descendencia en nombre de dios y lo más elevado, etc. Sin embargo, una semana antes de la boda. Inés le presenta a su novio una mujer que ha vivido con ella durante toda su vida y a la que quiere mucho porque es su nana y le salvó la vida a costa de su propia salud cuando era niña: la Peta Ponce. Al conocerla Jerónimo observa que es una mujer de la servidumbre, apestosa, que ha vivido toda su vida en una despensa oscura rodeada de verduras, con sus trapos y cachivaches como todas las viejas; a pesar de que en su primer encuentro recibe de la vieja unos pañuelos finísimos y delicados bordados por ella. Sin embargo, prevé que la vieja será una intoxicación dentro de su esfera matrimonial, un impedimento para el libre desenvolvimiento de su relación de pareja, una entrometida de la clase baja, aquellos que ni siquiera tienen rostro ni como reconocerlos. Además ambas, Inés y Peta, son una resonancia, una repetición de un mito maldito de pueblo: el de la niña bruja que salía de noche transformada en chonchón (un pájaro del lugar) junto a su nana que lo hacía convertida en una perra amarilla. Y ambas vivían en una familia de puros hombres. Esta transformación escandaliza al pueblo pues los animales embrujados traían peste a los pobladores. Tal es así que el rumor llega a los oídos de la familia de la niña que no lo cree, hasta que un día reciben aviso del avistamiento de la perra amarilla a la que golpean hasta dejar muerta y al entrar en la habitación de la niña descubren que en efecto se trataba de un par de brujas que salían a encontrar placer en el exterior de la esfera en la que habían sido encerradas, clausuradas en otros cuerpos. La bruja vieja es el chivo expiatorio y el pueblo vuelve a la tranquilidad sin preguntar por la niña noble.

Este mito junto al del imbunche, que es lo que las brujas como la del mito anterior hacen con las niñas, cosiéndoles sus nueve agujeros corporales para tenerlas cual atado de memorias pero vivo e idiotizado, como texto de escritor loco y neurótico incapaz de olvidar, pero deseoso de darle vida, para recordar, para revivir a la memoria. Guardando viejas partículas de esferas ya rotas (cascarones), implosionadas hace muchos años, inexistentes, olvidadas por todos, menos por ellas mismas porque en eso es en lo que terminan derivando: en un atado de recuerdos imperecibles que solo la vieja que los ata, los escribe, los teje, los textualiza, puede interpretar. El imbunche es todo lo contrario a una esfera y la bruja todo lo contrario a una madre. No es con amor que le da forma, sino con miedo a perderse, a olvidarlo todo, miedo a que el pasado no pueda regresar nunca. El atado de una vieja es el cúmulo de chucherías que guarda debajo de su cama, las huellas de los pasos más importantes en su tránsito por la vida, que puede ser confundido con basura, pero que conforma su ser-con virtual, que ya no es un otro vivo, de la misma especie, sino solo un manojo de cosas que solo para la vieja cobran algún sentido. La bola gris formada por ese montón de cosas que se rompen al tacto y que resultan indescifrables para aquellas otras viejas que rebuscan en esas bolas para quedarse con algo de valor una vez que la vieja que la creó se ha muerto, es la unidad de lo que ha reconstituido como su propia vida.

En el mismo sentido la Casa de la Encarnación de la Chimba es una pelota plateada llena de viejas que las familias adineradas quieren tener debajo de la cama, en el olvido entre imágenes rotas de santos y habitaciones y pasillos a medio construir y destartalados, a medio destruir.

De todas formas Jerónimo e Inés se casan y se llevan a vivir con ellos a la Peta Ponce porque en la luna de miel Inés le hace prometer a Jerónimo, en medio de un orgasmo, que la llevarían. La Peta curaba a los sirvientes, entre otras artes mágicas que solo ella sabía realizar. Pero en 5 años de matrimonio a pesar de los consejos y paliativos preparados por la Peta, Inés no puede dar a luz.

De otro lado, el mudito, Humberto Peñaloza, hijo de un ferrocarrilero que apenas si recuerda el nombre de su padre, escuchó y observó, se alimentó toda su vida del extraño comportamiento de su padre frente a los que tienen dinero: aquellos que tienen un rostro, lo cual les permite encarar a otros y ser admirados, que son alguien y manejan los hilos, y deciden los destinos del resto de la sociedad. Y aunque el viejo Peñaloza (apellido de ningún abolengo, si no todo lo contrario, común y simple) nunca lo logró; su hijo Humberto, joven escritor y luego secretario de Jerónimo Azcoitía, guarda la esperanza bajo la influencia de la proximidad del Señor Azcoitía de ir adquiriendo algo de esa identidad señorial, control, poder, que su padre tanto les envidió en vida a gente como los Azcoitía.

Y en efecto, Humberto fue ascendiendo en la confianza que Jerónimo iba depositando en él. Desde que en el día de las elecciones roban unas ánforas en las que presumiblemente ganaría el oponente de Azcoitía y todo el pueblo condena al adinerado por ese exabrupto. Sin embargo éste se muestra cual un sol lleno de indiferencia e insultándolos a todos (esos sin rostro ni nombre) diciéndoles que él no tiene la culpa de lo sucedido, caminando desde el Club Social hasta la iglesia seguido por un Humberto que aunque del lado de la gente del pueblo, de la provincia alejada: los pobres, los wakchas; no hizo nada, solo caminar detrás de su patrón. Y en la iglesia de donde iban a escapar subiendo una pared, Humberto pasa primero para ver que no haya peligro pero recibe una bala en el brazo y cae.

Se teje un embuste para hacer creer a todos que quien recibió la bala fue Jerónimo y a partir de aquí es que Jerónimo se apropia de la herida en el cuerpo de Humberto. Comienzan a sucederse una serie de eventos mágicos y desafortunados. Humberto queda desmayado mientras Jerónimo con el brazo manchado con la sangre de Humberto sale a ofrecer el rostro, la identidad brillante y bien establecida, para encarar al pueblo por la bala recibida. Humberto es llevado por la puera rasera de la iglesia a la hacienda de Jerónimo, la Rinconada donde es recibido por Inés quien lo cuida junto con la Peta Ponce.

La Peta le insiste a Humberto en ausencia de Jerónimo que Inés necesita algo para ser feliz, cosa que Humberto sospecha: que le den el hijo que Jerónimo hasta ahora no ha podido darle. La Peta ya tiene tramado un plan mágico para fertilizar a su niña, a su protegida. Jerónimo llega una noche para pasarla en casa, entre sus viajes políticos, teniendo que dar entrevistas acerca de la bala recibida. Y la Peta llama a Humberto diciéndole que la señora Inés lo necesita, que si no se acerca el dolor de su brazo se incrementará. Él va pero está todo oscuro y desea a la señora Inés porque es bella. Se le acerca y la penetra mientras ella grita ¡Jerónimo, Jerónimo! Mientras solo le es permitido tocarla con el pene que la penetra y el resto de su cuerpo no tiene acceso a la señora que le es vedada, no la puede tocar ni besar. No le puede pertenecer en reciprocidad, él está representando, siendo un medio de una idea mensajera anterior a él, el marido Jerónimo.

Al día siguiente Humberto sospecha que en realidad con quien mantuvo la relación sexual fue con la Peta Ponce en su hedionda y desordenada habitación, mientras en la habitación matrimonial-señorial, los esposos concebían con la potencia del Humberto y la fertilidad de la Peta, quitándoles sus atributos durante esa noche en complicidad con la luna y la perra amarilla que esa noche fue asesinada por los perros negros de Jerónimo, un hijo que será descendencia de la noble, notable y lumínica familia, un nuevo representante de Dios en esas tierras.

Inés queda embarazada y Jerónimo no puede tener más sexo con ella. Así que comienza a asistir acompañado de Humberto a casas de prostitutas y encuentra placer en la mirada de envidia de Humberto, un placer homosexual y perverso en su mirada impotente de no poder tener relaciones sexuales a pesar, de según lo narra el mudito que es el mismo Humberto, tener un falo enorme y potente que es el que a partir de aquella noche en la que el nuevo Azcoitía fue concebido le robó a Jerónimo. Le quito su virilidad a cambio de la posibilidad de procrear.

De esa forma se establecen en parejas, esferas de cohabitación, pero enfermas e insoportables entre Jerónimo y Humberto, pero también entre Inés y la Peta Ponce para el ulterior alumbramiento de Boy, un niño deforme que termina siendo el último de los Azcoitía (casi como en el caso del produco incestuoso “niño con cola de cerdo” de Cien años de soledad). Una pareja luminosa que para poder procrear necesitó de una pareja de sombras, de muletas, de ayudas, y finalmente de consuelos para poder cerrarse en la generación de un nuevo ser.

Bibliografía
DONOSO, José. El obsceno pájaro de la noche. Lima, 2002, Ediciones Peisa.
SLOTERDIJK, Peter. Esferas I: Burbujas. Microsferología. 2da edición. Madrid, 2003, Siruela.

Extraído de: Mi memoria USB

1 comentario:

maria ines dijo...

y ese nuevo ser salio deforme y monstruoso, o sea que la combinacion de las esferas a fuerza es una operacion que produce hibridos, mas que negativa es la cesacion definitiva d alguna d las esferas, en este caso la esfera subsumida es la de la luz, donoso es un maldito morfinomano jajaja genial.