sábado, 16 de febrero de 2008

No sé como lo hago, pero lo estoy volviendo a hacer

Estaba tirado en mi cama escuchando música en la radio, leyendo, escribiendo de rato en rato. Nada más saludable y tranquilo. Cuando me dieron ganas de filmar a tres chibolas caminando en cámara lenta. Así que cogí la camarita y miré por la ventana. Gracias a dios no tuve que esperar mucho rato para que pasaran. Creo que sería el mejor pescador del mundo.

martes, 12 de febrero de 2008

No me odien

Estoy a dos minutos de que se acabe mi hora gratis en PPnet.
No sé.
Me he pasado la última hora de la misma forma.
Jajaaaaa chévere.

Ah verdad, las nuevas canciones van a estar más pajas.

Cae la luz.
Brilla el exterior.
Me dicen que se me acabo la hora.

miércoles, 30 de enero de 2008

avión sin alas arrastrándose por el suelo

se necesita bajista con urgencia,
que toque calata y se llame kim.
o cualquier otro ser humano que,
para empezar
quiera toca el bajo.

no importa si sabe
o si cree que sabe.

ya después se verá lo de cambiarle el apellido
y teñirle el pelo de rubio.

viernes, 25 de enero de 2008

¿Robots, Budas, Humanos, Etc.?

Podría producirse una mutación del ser humano que suprimiese toda emotividad propiamente humana y nos pusiera en condiciones de actuar como auténticos agentes económicos, o como autómatas capaces de eliminar sin titubear a los débiles. Pero también es posible que esa mutación no se produzca y, entonces, la acumulación de sufrimiento, estrés, violencia sufrida y violencia ejercida se volvería tan insoportable que produciría una especie de hundimiento emocional generalizado.

La gran compasión no es un deber ético como creen las religiones sacrificiales. La compasión es el compartir perceptivo del sufrimiento de los demás porque los demás son continuación de nuestro cuerpo y de nuestro inconsciente. La compasión es el modo de ser natural del organismo sensible, porque la sensibilidad significa precisamente continuidad sensual entre los diez mil seres. La ausencia de compasión tan evidente en la ciudad de la modernidad tardía no es una culpa moral, es una enfermedad psíquica. No somos ya capaces de reconocer el cuerpo del otro como coextensivo al nuestro, porque ya no sabemos sentir nuestro cuerpo.

La mediatización del sufrimiento, la proliferación de violencia y de muerte que golpea la percepción cotidiana está produciendo un efecto de pánico y, al mismo tiempo, de habituación de la percepción colectiva. La violencia, el dolor y la muerte han sido siempre una realidad de la existencia humana, en toda sociedad y en toda época. Pero sólo alcanzaban a la conciencia humana en los casos excepcionales en los que golpeaban a una persona o su entorno de vida cotidiana, y llevaban toda el dramatismo de la experiencia vivida en la propia piel o en la de los seres queridos. La mediatización genera una sobrecarga de la experiencia extrema, le quita dramatismo y la banaliza, y banaliza así el propio cuerpo del otro.

La mente contemporánea, expuesta a las temperaturas semióticas de la infosfera electrónica, parece entrar en un universo fantasmagórico que en la lengua del hinduismo sapiencial podemos llamar maya. Se trata de un maya tecnológico, de una especie de tecnomaya hecho de ilusiones absolutamente reales: reales en el imaginario de la economía, en el inconsciente, pero también en la guerra entre los pueblos.

En el pensamiento hinduista, que filtra refinándose el pensamiento mahaiano, el mayor logro es liberarse del maya, pasar a la comprensión de la vacuidad, que hace posible la moksha o liberación del carácter cíclico de la existencia —samsara. En el torbellino del tecnomaya se abre la perspectiva de la comprensión del vacío. La comprensión del vacío, la plena comprensión de la condición de la Vacuidad, es el nivel más elevado del conocimiento budista —Bardo Thodol. Una condición mental de ligereza y disponibilidad, la ausencia de miedo y agresividad. Propongo que veamos estos dos modos de la mente, gran compasión y comprensión del vacío como horizontes de la época global.

La gran compasión es muy dolorosa si no se acompaña de la comprensión del vacío. Y la comprensión del vacío es puro cinismo si no se acompaña de la gran compasión.

jueves, 24 de enero de 2008

Yo soy otro



Hazlo por algo que aún no hayas descubierto que también eres.
Las sorpresas todavía existen.
Otro, no es que haya una cosa y otra, es que hay otra cosa y otra cosa y otra cosa y otra cosa y otra y otra y otra y otra. Así como el youtube es una catarata de videos, la realidad es una catarata de eventos que el otro controla.
¿Todavía quieres más?

"No eres especial, no le importas a nadie", le decía el guante a la planta mientras el jardinero la regaba.

La new economy, el punk californiano y la revista Wire son los culpables

El cerebro humano no está controlado por los accionistas, ni por los fondos de inversión ni de nadie: George Soros puede desestabilizar las monedas y los mercados, pero no posee el control de vuestros cerebros. Los gobiernos pueden emitir tanta propaganda como quieran, pero vuestro cerebro es vuestro. Está controlado, para bien y para mal, por el individuo.15

Este tipo de exaltaciones eufóricas de la libertad individual son cada vez más frecuentes en la publicística de la new economy. Contienen un núcleo de verdad, mezclado con una buena dosis de hipocresía. Aunque sea cierto que mi cerebro es de mi propiedad, el funcionamiento social de la mente no depende de su propietario sino del contexto en el que se forma la mente, de los flujos mediáticos, de los impulsos estéticos, de las exigencias que la infosfera impone de muchas maneras. Es falsa la idea de que la mente es individual.

Cuanto más tupida sea la red de interacciones comunicativas y tecnológicas entre las diversas mentes y las diversas máquinas de elaboración mental, más tiende la mente individual a ser simple articulación de la mente global.

miércoles, 23 de enero de 2008

Este es el motivo por el cual hago lo que hago

Clase obrera y capital eliminaron juntos las resistencias a la dinámica de la sociedad global: el orden disciplinar, el Estado nacional, el autoritarismo nazi y fascista, el sistema feudal–comunista ruso y chino. Después de haber eliminado todos sus enemigos comunes, el capital acabó por absorber el empuje procedente de los movimientos libertarios y de rechazo del trabajo obrero, se libró de la clase obrera reduciéndola a trabajo asalariado disgregado sin identidad política ni cultural, y disolvió la potencia política obrera en la fractalización del proceso productivo, en la llamada new economy.

Ya no queda otra dinámica que la del capital. Todas las demás fuerzas sociales son reaccionarias, conservadoras o simplemente estáticas. Toda oposición victimista es retrógrada. El planeta físico sigue produciendo conflictos sin generalidad alguna: conflictos tribales, religiosos, raciales y nacionales, carentes de cualquier diseño universal. La única dimensión universal que queda es la de la autorreproducción del capital, indiferente a la suerte de los seres humanos, de la sociedad humana, del propio ser humano. El futuro no necesita ya de seres humanos, como dijo Bill Joy, cofundador y director científico de Sun Microsystems:

En un mercado completamente libre, los robots superiores afectarían desde luego la existencia de los seres humanos (…). Las industrias robóticas competirían ferozmente entre sí por la materia, la energía y el espacio, lo que acabaría por elevar su precio por encima del alcance de los humanos. Incapaces de pagarse lo que necesitan para vivir, los seres humanos biológicos serían expulsados de la existencia.12

En la actualidad ya sucede que para vencer en la competencia económica es necesario ser capaz de reducir al mínimo lo humano que hay en nosotros y potenciar nuestros automatismos agresivos, competitivos y despiadados.

¿Es feliz esta perspectiva? ¿Es feliz para los organismos conscientes y sensibles que pertenecen al género humano? La ideología de la new economy responde, eufórica, que sí. En la voz de los apologistas se nota un exceso de excitación, una especie de histeria que hace dudar de sus declaraciones.

Mi impresión es que los apologistas se parecen a los drogados con anfetaminas; saben que en cualquier momento la ola que les empuja puede derribarlos y arruinarlos, pero saben también que su única esperanza de mantenerse en la ola consiste en seguirla, cueste lo que cueste. Aterrorizados y eufóricos, los apologistas de la new economy saben perfectamente que el ídolo ante el que se inclinan está devastando el medio ambiente planetario y la psique humana. Pero no pueden hacer otra cosa que no sea correr siguiendo la marcha del desastre, confiando en que no se los trague como ya ha hecho con la enorme mayoría de sus semejantes.

La cultura crítica de tradición novecentista y tardosocialista contrapone a esa euforia hipócrita un victimismo que mira hacia el pasado, una defensa de valores y estilos de vida que no existen ya ni volverán.

Para las empresas eso implica que pueden ser desechables: un asentamiento temporal para nómadas que, después, se marcharán al encuentro de otra gente y de nuevos retos. Pues para eso hemos aceptado que casi todo lo que nos rodea sea desechable. Tal vez deberíamos pasar a lo que sir Paul McCartney resumía como «vivir y dejar morir».

Flexibilidad, aleatoriedad y movilidad son rasgos inherentes a un proceso económico fundado sobre elementos compositivos recombinables. Trabajo en la red significa actividad productiva fractal y recombinable. No se trata de una elección malvada de la patronal, sino de una característica esencial del modo de producción recombinante. La rigidez social del trabajo es un elemento de resistencia desesperada a la innovación. «Si el conocimiento es la clave, entonces todos estamos en competencia contra todos. El genio ha salido de la lámpara y es imposible volver a meterlo dentro.»

El genio es la tecnoestructura producida por la inteligencia colectiva que ha acabado por constituirse como sistema de mando sobre la propia inteligencia colectiva. Sólo la propia inteligencia colectiva puede deconstruir su obra, pero para hacerlo tiene que poner en marcha una dinámica conflictual, debe recuperar el sentido de su propia fisicidad, emotividad y humanidad.