sábado, 1 de diciembre de 2007

El artista está hoy naufragando en su propia mierda

Era mayo o junio y me tocaba exponer un libro sobre indigenismo de Antonio Cornejo Polar. Luego de resumir el libro, dije lo siguiente, que había escrito la noche anterior mientras preparaba el resumen. Sigo pensando que estar aburrido es incluso más divertido y que las clases universitarias de literatura son un lodazal que se presta para el embarre.

El artista está hoy naufragando en su propia mierda. Lleno de placer, sus excrementos junto al de tantos otros de los que decidió alimentarse se le quedan como residuos entre los dientes, que podemos ver cada vez que sonríe extático explorando algún nuevo cielo. Y dirán los pesimistas que esas risas son los últimos manotazos de un ahogado. Pero ellos no saben que él está llevándose cada vez más lejos los límites de la vida, cada vez que se sumerge en ese caviar. La creación, el sueño, la esperanza, el deseo de algo nuevo, distinto y mejor, abren brechas hacia algún destino, una posibilidad de supervivencia en un lugar donde poder seguir evadiéndose, gozando en este mar de miasmas en el que todos vivimos.
¿Qué puedes hacer en este instante? ¿Qué nos puedes dar que sea único e irreproducible, qué nos puedes vender, que no podamos comprar en cada esquina de la Javier Prado o en Wilson o Polvos Azules o que no podamos bajar por Internet y guardar en CD’s, dinos artista, qué es eso que nos vas a vender ahora? ¿Qué vas a hacer ahora?


Ahora voy a coger cada una de sus cabezas y hundiré cada nariz que encuentre en mi camino dentro de mi ano y expulsaré todo lo que haya comido hasta ese momento, con los gases, ruidos, olores y fluidos que pueda producir con cada órgano excretor de este cuerpo, esta mákina.
Una vez abandonada la mierda pueden hacer con ella lo que quieran pueden fotocopiarla, colgarla en el youtube, quemarla en discos y venderla a tres lucas, pueden reproducirla en enormes ecran blancos, pueden hablar de ella con todo el mundo y a todos contarles el final o, incluso intentar reproducir el movimiento orgánico con sofisticada exactitud en la exigente nariz de aquel que pida una repetición de esa expresión de lo inexpresable. Mi mierda, toda vez fuera de mí, deja de ser mía para ser patrimonio de la humanidad y del resto de idiotas que se quieran detener un rato en la existencia para olisquearla, manosearla y comprobar su textura y consistencia, toqueteándola con fruición. Aj, seres humanos, miasma de Dios, bendito aquel que ha descubierto su condición de inmunda caca, cuya fetidez llena de fertilidad y vida los campos, bendito el que ha perdido el asco y fluye cagándola entre los escombros.
Si antes a los hombres se les enseñaba a no cagarla a través de largos años de intentos y frustraciones, hoy las escuelas deben enseñarles a los chicos a cagar. A perder el miedo, vamos, y comenzar ya desde pequeños a cagarla, a arruinarlo todo, a hacer cualquier cosa, pero pronto, ya, sin esperar a que el water y todo un largo y complicado sistema de tuberías y desagüe se les forme debajo del culo para recién cagar. Los esfínteres anales no pueden seguir soportando más esta represión impuesta por “no sé cuál fantasma”, de cual ya he disertado bastante en conversaciones que francamente no puedo recordar (ni donde ni cuando ni con quién fueron, ni siquiera incluso si efectivamente llegaron a darse o, como acostumbro, solo las imaginé).
Porque bonita forma de empezar a cagarla es drogándote, claro. Primero cágate el cerebro. Es decir, simplemente destrúyelo, hazlo mierda, quémate. Luego moldéalo, dale la forma que quieras y excrétalo, como los niños pequeños deja que esa fruición te haga sonreír como a una “tortuga beatífica”. Estás acá para embarrarla, para dejar tus huellas. Aunque no quieras, serás una mimesis de estos tiempos en los que todo está cagado y por ello será valioso. Pero eso sí, ten cuidado con lo que comas, lo que no te mata solo es parte del entrenamiento.


-¿Entrenamiento? ¿qué y para qué ah?
-Mmm… no, para nada.
-¿Para qué, pues?
-Para nada o, bueno, si insistes lo sabrás algún día, pero ahora no lo vas a entender, mejor olvídalo. Ten cuidado con lo que comas, la mierda mientras más quemada sea, mejor y más valiosa es. El arte de hoy es puro caviar, es la mierda que se comen los paladares más exigentes, los de los hijos de putas que tienen la visa más exclusiva para esconderse en autos de lunas polarizadas. ¿Qué diferencia a las élites del resto de escoria? ¿El color en la etiqueta de su güiski, el equipo de sonido y la marca de sus autos, la localización de sus residencias dentro del cotexto urbano? Pues no, absolutamente nada hace la diferencia.


Lo único que se diferencia de la mierda humana es, paradójicamente, una de sus más recientes cagadas: la máquina. Y esta diferencia radica en que la máquina no (la) caga.

2 comentarios:

Ser. dijo...

La forma y el fin de la mierda la calibra la existencia mas básica,la inercia dinámica, el mero fluir del sin tiempo. El arte es la irrupción en el azar, su toma por asalto y la usurpación de sus virtudes: el ser haciendose y determinando sus formas, definiendo lo inexpresable.

El NeuroTransmisor dijo...

Todo lo que sé es que yo ya la cague hace rato y sigue siendo de la puta madre!!!! WUUUUUU!!!!!