jueves, 12 de octubre de 2006

Química

Puedes verme, puedes tocarme,
puedes soñar conmigo y recordarme,
puedes hablar conmigo y divertirte conmigo,
pero no puedes saber quién soy ni yo.

El futuro siempre trae lo nuevola posibilidad del cambio, de la muerte,
de la llegada de otro, de uno oscuro y desconocido.
Pero no dejes de tocarme ni de hablarme.
No dejes de amar a lo que sea que tengas al frente.
Te juro que seré yo,
aunque no te recuerde a mí,
aunque no se sienta como yo,
aunque no se parezca o no suene a mí.
Soy yo que me fui de las formas que enjaulaban mi ser.

Perdóname, pero me transformé en bocanada de humo,
me moví como un dedo que quiere sentir todo tu cuerpo,
caí como Altazor en el sonido puro,
el que puede significar cualquier cosa.

Si solo amas algunas de mis máscaras,
está bien
yo lo sabré comprender,
pero eso no habrá sido amor, sino solo ilusión.
Si tu corazón comienza a producir oro
como una fábrica
de piedras filosofales
habrás descubierto la forma de amarme
y la vida eterna.
Antes no.
Te amo.

2 comentarios:

:: Agnes de Rodriguez :: dijo...

hay cosas que son innombrables, y sensibles a tal punto que vuelve obsoleto al lenguaje.

no diré nada, porque incluso decir que no diré nada me avergüenza. eso que pudiste decir, y que hizo que mi instante se eternice, sólo merece la inmovilidad, la preciosa inmovilidad del silencio que, en acto sublime, encuentra en su centro el conjuro de un grito que no conoce de lenguaje ni forma ni imagen.

pero qué bien sabe callar cuando nombrar es lo último que le concierne.

silencio entonces mi silencio.

El NeuroTransmisor dijo...

Un alma sonriente es una fábrica de piedras filosofales. Una máquina productora de piedras que convierten el plomo en oro. A las personas, en aves de fuego que fluyen sobre la superficie del sol para darle vueltas una y otra vez.

La onda fluye entre los cuerpos rebotando y rebotando. Llevándose todo de encuentro. La onda va, la onda viene. Lo mejor es saber subirse en esas corrientes, correr la onda como sobre una tabla, saltar de una en otra como los gatos sobre los tejados.

La onda está en todas partes. El rey del mundo es el caos, compuesto de todas las pequeñas onditas que somos, que hacemos.